Silicium

Artrosis: qué es, por qué aparece y cómo se trata

La artrosis es la enfermedad articular más frecuente en el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud, afecta a más de 500 millones de personas globalmente, y en España es la primera causa de dolor crónico musculoesquelético en mayores de 50 años. A pesar de eso, persisten muchos malentendidos sobre su naturaleza, su progresión y lo que realmente puede hacerse para manejarla.

No es simplemente "desgaste por la edad". No es inevitable ni idéntica en todas las articulaciones. No se trata igual en la rodilla que en la mano o en la cadera. Y el dolor, que es el síntoma más visible, no siempre correlaciona con la gravedad radiológica — hay personas con artrosis severa en imagen que tienen poco dolor, y personas con artrosis leve que tienen limitación funcional importante.

Esta guía explica qué es la artrosis, cómo se produce, en qué se diferencia de otras enfermedades articulares, qué tipos existen según la articulación afectada, y qué opciones de tratamiento tienen respaldo científico para reducir el dolor y mantener la función articular.


Qué es la artrosis: más que un "desgaste"

La artrosis (también llamada osteoartritis en la literatura anglosajona) es una enfermedad articular degenerativa que afecta al cartílago hialino — el tejido que recubre las superficies óseas dentro de la articulación — y a todas las estructuras que componen la articulación: el hueso subcondral, la membrana sinovial, los ligamentos y los tendones periarticulares.

Durante décadas se la consideró una enfermedad puramente mecánica: el cartílago se desgasta por uso y no se regenera. La comprensión actual es más compleja. La artrosis implica un desequilibrio entre los procesos de síntesis y degradación del cartílago, mediado por factores mecánicos, inflamatorios, metabólicos y genéticos. El cartílago articular, aunque no tiene vasos sanguíneos ni terminaciones nerviosas propias, está en comunicación constante con el líquido sinovial y responde a señales mecánicas y bioquímicas del entorno articular.

Cuando el equilibrio se rompe — por sobrecarga mecánica, inflamación crónica de baja intensidad, déficit de nutrientes estructurales o factores genéticos — los condrocitos (las células del cartílago) empiezan a producir más enzimas degradativas que moléculas de matriz. El resultado progresivo es la pérdida de grosor y elasticidad del cartílago, la aparición de osteofitos (proyecciones óseas en los bordes articulares), la inflamación de la membrana sinovial y, en estadios avanzados, el contacto hueso con hueso.


Artrosis vs. artritis: una distinción que importa

Los términos se usan con frecuencia de forma intercambiable en el lenguaje cotidiano, pero describen procesos diferentes con causas, evolución y tratamiento distintos.

La artrosis es degenerativa y de evolución lenta. Aparece principalmente por el desequilibrio entre la capacidad regenerativa del cartílago y los factores que lo degradan. La inflamación está presente, pero es secundaria al daño estructural, no su causa primaria. Afecta sobre todo a articulaciones de carga (rodillas, caderas, columna lumbar) y a las manos.

La artritis es un término más amplio que designa la inflamación articular como fenómeno primario. Incluye enfermedades autoinmunes como la artritis reumatoide — donde el sistema inmune ataca la membrana sinovial — y la artritis psoriásica, la artritis reactiva o la espondilitis anquilosante. En estas condiciones, la inflamación es la causa, no la consecuencia, y el tratamiento es fundamentalmente diferente: incluye fármacos modificadores de enfermedad (DMARDs) y biológicos que no tienen indicación en la artrosis.

Distinguirlas correctamente no es un detalle semántico — es el punto de partida de un manejo adecuado.


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Causas y factores de riesgo: por qué aparece la artrosis

La artrosis no tiene una causa única. Es una enfermedad multifactorial donde varios factores convergen para romper el equilibrio del cartílago articular.

Edad. La capacidad regenerativa de los condrocitos disminuye progresivamente. A partir de los 50 años, el riesgo aumenta de forma significativa, aunque la artrosis no es una consecuencia inevitable del envejecimiento — es un proceso que la edad facilita pero que requiere otros cofactores para desarrollarse.

Sobrepeso y obesidad. Aumentan la carga mecánica sobre las articulaciones de peso (rodillas, caderas, columna). Pero la relación no es solo mecánica: el tejido adiposo produce adipocinas — citocinas proinflamatorias — que tienen efecto directo sobre el cartílago articular. Por eso la artrosis en manos también tiene mayor prevalencia en personas con obesidad, aunque las manos no soporten carga corporal.

Factores genéticos. Hay una predisposición hereditaria documentada, especialmente en la artrosis de manos y de cadera. Los estudios de gemelos sugieren que la heredabilidad de la artrosis de rodilla es de aproximadamente el 40-65%.

Lesiones articulares previas. Las lesiones de ligamentos, meniscos o cartílago que no se tratan adecuadamente o que dejan secuelas mecánicas aumentan significativamente el riesgo de artrosis en esa articulación. La artrosis postraumática puede desarrollarse en articulaciones jóvenes que de otro modo no tendrían riesgo.

Sobrecarga laboral o deportiva. El trabajo físico repetitivo con carga articular sostenida (construcción, agricultura, algunos deportes de impacto) se asocia con mayor riesgo de artrosis en las articulaciones específicamente sobrecargadas.

Déficit de micronutrientes estructurales. El cartílago articular depende de la disponibilidad de proteínas estructurales — principalmente colágeno tipo II — y de los glucosaminoglicanos de la matriz extracelular. La síntesis y el mantenimiento de estas estructuras requieren cofactores específicos: vitamina C, silicio, zinc, manganeso y aminoácidos como la glucosamina. Un déficit crónico de estos nutrientes no causa artrosis directamente, pero sí puede comprometer la capacidad regenerativa del cartílago ante la sobrecarga conoce más sobre la salud articular en esta guía completa


Tipos de artrosis según la articulación afectada

La artrosis puede afectar a cualquier articulación sinovial, pero tiene predilección por articulaciones específicas. Los síntomas, la limitación funcional y las opciones de tratamiento varían según la localización.

Artrosis de rodilla (gonartrosis)

Es la forma más prevalente y la que genera mayor impacto en la calidad de vida. La rodilla es una articulación de alta carga y gran rango de movimiento — una combinación que la hace especialmente vulnerable. Los síntomas incluyen dolor con la actividad (especialmente al subir y bajar escaleras, levantarse de una silla o caminar en superficies irregulares), rigidez matutina de menos de 30 minutos, crepitación al mover la articulación y, en estadios avanzados, deformidad en varo (piernas arqueadas) o valgo (rodillas en X).

El ejercicio físico adaptado es uno de los pilares del tratamiento no farmacológico con mayor evidencia: fortalece la musculatura periarticular, reduce la carga sobre el cartílago y mejora la propiocepción. Actividades de bajo impacto como la natación, la bicicleta estática o el trabajo en piscina tienen un perfil especialmente favorable. Podrías seguir leyendo sobre Artrosis de rodilla: ejercicios y uso de la bicicleta para más información al respecto.

Artrosis de manos (rizartrosis y artrosis interfalángica)

Es la forma más frecuente en mujeres, especialmente después de la menopausia. Los nódulos de Heberden (en las articulaciones interfalángicas distales) y de Bouchard (en las proximales) son su manifestación más característica. La rizartrosis — artrosis de la articulación trapeciometacarpiana del pulgar — produce dolor en la base del pulgar y limitación funcional para actividades que requieren pinza (abrir botes, girar llaves, escribir).

A diferencia de la artrosis de rodilla, la carga mecánica tiene menos peso en la artrosis de manos, y los factores hormonales e inflamatorios sistémicos son más relevantes. El tratamiento local (ortesis, termoterapia, ejercicios de fortalecimiento de la musculatura intríseca de la mano) tiene un papel más central.

Artrosis en las manos: todo lo que hay que saber

Artrosis de cadera (coxartrosis)

Es la segunda localización en frecuencia y la que más frecuentemente conduce a cirugía de reemplazo articular. El dolor típico se localiza en la ingle, con irradiación hacia el muslo o la rodilla, y se agrava con la marcha prolongada y al iniciar el movimiento tras el reposo. La limitación de la rotación interna de cadera es frecuentemente el primer signo clínico.

Artrosis de columna (espondilosis)

La degeneración de los discos intervertebrales y de las articulaciones facetarias es casi universal con la edad. No siempre produce síntomas: muchas personas tienen cambios degenerativos significativos en imagen sin dolor asociado. Cuando produce sintomatología, el dolor lumbar o cervical crónico y la rigidez son los síntomas principales. La aparición de osteofitos puede comprimir estructuras nerviosas y producir radiculopatía.


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Síntomas de la artrosis: cómo reconocerla

El síntoma cardinal es el dolor articular con características específicas que lo distinguen de otros tipos de dolor articular:

Es un dolor de ritmo mecánico, aumenta con la actividad y se alivia con el reposo. En estadios avanzados puede aparecer dolor en reposo e incluso nocturno. Es insidioso en su inicio: suele aparecer gradualmente, sin un episodio desencadenante claro. La rigidez matutina es corta — menos de 30 minutos — a diferencia de la artritis reumatoide, donde la rigidez matutina puede durar horas. La crepitación al mover la articulación (el característico "crujido") es frecuente. En fases activas puede haber derrame articular con aumento de volumen.

La intensidad del dolor no correlaciona de forma lineal con el daño radiológico — este es uno de los fenómenos clínicamente más relevantes de la artrosis. Un paciente con artrosis radiológica grado 4 (la máxima) puede tener dolor manejable, y otro con grado 2 puede estar muy limitado funcionalmente. Los factores centrales (sensibilización del sistema nervioso central, estado psicológico, calidad del sueño) modulan enormemente la percepción del dolor en la artrosis crónica.


Diagnóstico: cuándo consultar y qué esperar

El diagnóstico de artrosis es fundamentalmente clínico: la historia del dolor, su ritmo y sus características, junto con la exploración física de la articulación, son suficientes para el diagnóstico en la mayoría de los casos. Las pruebas de imagen (radiografía simple como primera línea; resonancia magnética si hay dudas diagnósticas o se sospechan otras patologías) confirman y estadifican el daño estructural, pero no son indispensables para iniciar el tratamiento.

Se recomienda consultar al médico cuando:

El dolor articular interfiere con actividades cotidianas durante más de dos semanas. Aparece inflamación, calor o enrojecimiento articular (que pueden indicar un componente inflamatorio activo o una patología diferente). Hay fiebre asociada al dolor articular (señal de alarma para artritis séptica). El dolor es muy intenso, de aparición súbita o de ritmo inflamatorio (peor en reposo, mejor con movimiento).

Los análisis de sangre son normales en la artrosis primaria — el diagnóstico diferencial con artritis inflamatoria se apoya en que en estas últimas suelen elevarse los marcadores inflamatorios (PCR, VSG) y pueden aparecer autoanticuerpos (factor reumatoide, anti-CCP).


Tratamiento de la artrosis: qué funciona y con qué evidencia

No existe un tratamiento que revierta el daño ya producido en el cartílago articular. El objetivo del tratamiento es reducir el dolor, mantener la función articular y frenar la progresión. Las guías clínicas internacionales (EULAR, ACR, OARSI) son consistentes en señalar que el tratamiento no farmacológico tiene tanta o más evidencia que el farmacológico, y debe ser la base del manejo.

Tratamiento no farmacológico (primera línea)

Ejercicio físico adaptado. Es la intervención con mayor evidencia en artrosis de rodilla y cadera. El ejercicio reduce el dolor, mejora la función y la calidad de vida, y tiene efectos sobre la inflamación sinovial comparables a los de los AINEs en algunos estudios. El tipo de ejercicio debe adaptarse a la articulación afectada y al nivel de condición física del paciente: fortalecimiento muscular, ejercicio aeróbico de bajo impacto, ejercicios de propiocepción y flexibilidad.

Control del peso. En artrosis de rodilla y cadera, la pérdida de peso reduce la carga mecánica articular y los mediadores inflamatorios derivados del tejido adiposo. Se estima que cada kilogramo de peso perdido reduce la carga sobre la rodilla en aproximadamente 4 kg durante la marcha.

Educación y autogestión. Los programas de educación terapéutica que enseñan al paciente a entender su enfermedad, a modificar actividades y a gestionar el dolor han demostrado reducir la discapacidad percibida y mejorar la adherencia al tratamiento.

Fisioterapia. La terapia manual, los ejercicios supervisados y las técnicas de modulación del dolor (TENS, termoterapia, hidroterapia) tienen evidencia de beneficio a corto-medio plazo en artrosis de rodilla y cadera.

Tratamiento farmacológico

Paracetamol. Era el analgésico de primera línea en las guías clásicas, pero su eficacia en artrosis ha sido cuestionada en los metaanálisis más recientes. Su perfil de seguridad sigue siendo favorable a dosis correctas.

AINEs tópicos y orales. Los antiinflamatorios no esteroideos tienen mayor eficacia analgésica que el paracetamol en artrosis. La formulación tópica (diclofenaco gel) tiene eficacia comparable a la oral con menor riesgo sistémico, y es preferida en personas mayores o con comorbilidades gastrointestinales o cardiovasculares. Los AINEs orales deben usarse a la dosis mínima efectiva y durante el menor tiempo posible.

Condroprotectores: glucosamina y condroitín sulfato. Tienen indicación en artrosis de rodilla en las guías europeas (EULAR), aunque la evidencia es heterogénea. Algunos ensayos muestran beneficio en dolor y función; otros no encuentran diferencia con placebo. La calidad del producto (forma cristalina de la glucosamina, pureza del condroitín) afecta los resultados y puede explicar parte de la heterogeneidad.

Infiltraciones intraarticulares. Los corticoides intraarticulares tienen eficacia analgésica a corto plazo (semanas). El ácido hialurónico intraarticular tiene evidencia más debatida, con algunos estudios mostrando beneficio funcional a medio plazo en artrosis de rodilla.

Nutrición y micronutrientes en el manejo de la artrosis

El cartílago articular, aunque avascular, depende de la difusión de nutrientes desde el líquido sinovial para mantener su función metabólica. La disponibilidad de ciertos micronutrientes tiene implicaciones en la síntesis y el mantenimiento de la matriz extracelular del cartílago.

El silicio participa en la síntesis del colágeno tipo II (el principal del cartílago) y en la formación de los proteoglicanos de la matriz extracelular. El ácido ortosilícico biodisponible es la forma que el organismo puede utilizar para estos procesos; las formas insolubles como el dióxido de silicio no se absorben. La concentración tisular de silicio disminuye con la edad, lo que coincide temporalmente con la mayor prevalencia de artrosis.El silicio para las articulaciones, en mi opinión, es de vital importancia

La vitamina C es cofactor en la síntesis de colágeno — sin vitamina C adecuada, la hidroxilación de la prolina y la lisina que estabiliza las cadenas de colágeno no puede completarse. La vitamina D tiene receptores en los condrocitos y participa en la regulación de su actividad metabólica; algunos estudios epidemiológicos encuentran asociación entre niveles bajos de vitamina D y mayor progresión radiológica de la artrosis, aunque la evidencia de intervención es aún inconsistente. El manganeso y el zinc son cofactores en enzimas que participan en la síntesis de glucosaminoglicanos.

Ningún micronutriente tiene evidencia suficiente para ser considerado tratamiento de la artrosis establecida. Su papel es más relevante en estrategias preventivas y de soporte metabólico del cartílago que en el manejo del dolor agudo.

Cirugía

La artroplastia total (reemplazo articular) es el tratamiento quirúrgico de referencia en artrosis avanzada con dolor severo y limitación funcional que no responde al tratamiento conservador. Los resultados en calidad de vida y función son excelentes en rodilla y cadera. La artroscopia de rodilla no tiene indicación en artrosis — los ensayos clínicos no han demostrado superioridad sobre el tratamiento conservador.


artrosis02Qué pueden y qué no pueden hacer los tratamientos actuales

Una expectativa realista es parte del manejo de la artrosis. Ningún tratamiento disponible actualmente regenera el cartílago articular ya perdido. Los tratamientos eficaces reducen el dolor, mejoran la función, pueden frenar la progresión y permiten mantener una vida activa durante años o décadas antes de que la cirugía sea necesaria — o evitarla por completo si el manejo es adecuado.

La progresión de la artrosis no es lineal ni inevitable. Hay personas con artrosis de rodilla grado 2-3 que mantienen una función excelente durante décadas con un manejo activo (ejercicio regular, control de peso, fisioterapia periódica). La actitud pasiva — esperar a que el dolor sea insoportable para actuar — es la que peores resultados produce.


Preguntas frecuentes sobre artrosis

¿La artrosis tiene cura?

No en el sentido de reversión del daño estructural ya producido. Sin embargo, "no tiene cura" no equivale a "no tiene tratamiento efectivo". El dolor puede controlarse, la función puede mantenerse y la progresión puede frenarse con un manejo adecuado. La cirugía de reemplazo articular, cuando está indicada, produce resultados excelentes en calidad de vida. El mensaje de que "la artrosis no tiene tratamiento" es clínicamente inexacto y lleva a actitudes de abandono que empeoran el pronóstico funcional.

¿El frío empeora la artrosis?

Muchas personas con artrosis refieren mayor dolor e incomodidad articular en épocas de frío o cambios de presión atmosférica. La base fisiológica de este fenómeno no está completamente esclarecida — se han propuesto mecanismos relacionados con cambios en la viscosidad del líquido sinovial y con la sensibilización de los nociceptores periarticulares — pero la experiencia clínica lo documenta con consistencia. El frío no acelera el daño estructural, pero sí puede modificar la percepción del dolor y la rigidez.

Mira que dice la sociedad Española de Reumatología al respecto:

¿Se puede hacer ejercicio con artrosis?

No solo se puede — es uno de los pilares del tratamiento con mayor evidencia. El reposo prolongado produce atrofia muscular, reduce el soporte articular y empeora el pronóstico funcional. El tipo, la intensidad y la frecuencia del ejercicio deben adaptarse a la articulación afectada, el estadio de la enfermedad y el estado físico del paciente. Los periodos de dolor agudo pueden requerir una reducción temporal de la carga, pero no el abandono del ejercicio.

¿Qué alimentos ayudan o perjudican en la artrosis?

No existe una dieta específica para la artrosis con evidencia sólida de modificación estructural. Sí hay evidencia de que una dieta proinflamatoria (alta en azúcares refinados, grasas trans, ultraprocesados) puede amplificar la inflamación sinovial y el dolor. Una dieta con perfil antiinflamatorio — rica en ácidos grasos omega-3, verduras, frutas, aceite de oliva virgen extra y pobre en ultraprocesados — tiene beneficio indirecto sobre la inflamación articular y sobre el control del peso. El aceite de oliva contiene oleocantal, un compuesto con propiedades antiinflamatorias cuyo mecanismo se ha comparado con el del ibuprofeno a nivel molecular.

¿La artrosis solo afecta a personas mayores?

No. Aunque la prevalencia aumenta significativamente con la edad, la artrosis puede afectar a personas jóvenes con factores de riesgo específicos: lesiones articulares previas (artrosis postraumática), obesidad, predisposición genética o sobrecargas laborales o deportivas. En deportistas de alto rendimiento, la artrosis postraumática de rodilla puede aparecer a partir de los 30-35 años si hubo lesiones de ligamentos o meniscos mal resueltas.

Te recomendamos esta lectura: EULAR — Recomendaciones para el manejo de la artrosis de rodilla y cadera (versión para pacientes)

 



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